
Entre dos dedos dados dádivamente
danzan los deseos de tu dulce delicia.
Salta la serpiente de los sonidos,
sube y baja rítmicamente sobre el surco
salivado que seduce a mis hambrientos ojos.
Desayuno, almuerzo, ceno este dulce manjar
de sabores y olores indescriptibles.
Voy de la razón a la locura sin detenerme
en la culpa.
Abolamos la culpa.
ReplyDeletegracias, isis, welcome back!
ReplyDeletemuy buenos cambios en este blog, gracias, grosse tête.
ReplyDeletePero no veo los dedos ;)
ReplyDeletewho is this?
No entiendo, anonimo?
ReplyDeleteErnesto G., disculpa mi despiste, es primera vez que veo tu blog, ahora mismo le pongo link a El Imparcial Digital. Felicidades!
ReplyDeleteGracias, Don Eufrates!
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