Por regla general, el que compara manzanas con naranjas, lo hace por ignorancia (cuando se comparan números, la persona pudiera no conocer las reglas elementales de la estadística), o por malicia (la intención pudiera ser forzar los resultados de una investigación para que demuestren la tesis que se quiere probar). Al reclamar que estos cinco espías cubanos sean canjeados por los disidentes cubanos presos, Raúl Castro ha demostrado un poco de las dos cosas. Desconoce (o se hace el que desconoce) la separación de poderes que existe en los Estados Unidos. Un tribunal (rama judicial del gobierno) encontró a estos hombres culpables. Un tribunal al que le fueron presentadas pruebas de un lado y del otro, que no fue presionado a tomar ninguna decisión, que fue rigurosamente interrogado por los abogados de la defensa y la fiscalía para asegurarse de que ninguno de sus miembros estuviera prejuiciado. ¿Es este un proceso perfecto, sin fallas? Claro que no. Pero es un proceso que incluye muchísimas garantías, como el derecho a apelar, que en este caso ha llegado hasta las más altas instancias legales.
Los disidentes cubanos viven en Cuba. Están presos allí. No están pidiendo salir de la isla. Están presos simplemente por reclamar los derechos que el gobierno ha aceptado acatar y dice respetar. Lo más realista, si la intención es negociar el diferendo entre los dos países, es que el gobierno de Raúl Castro empiece a dar señales de que tiene también la intención de resolver el diferendo entre su gobierno y el pueblo. Eso sería el primer paso en el largo proceso de empezar a "naranjizar" la manzana o de "manzanizar" la naranja.