“Hoy mi deber era” estar feliz y contento, aplaudir entusiasmado la sabia decisión del presidente de escoger a Sonia Sotomayor, la primera hispana nominada a la Corte Suprema. En sentido general, no soy dado al aplauso apresurado (la artritis que heredé de la vieja me ha empezado a una edad temprana). Y en estas cosas tan permanentes, menos (que un juez de la suprema es de por vida). Me voy a dar un tiempo, averiguar primero quién es esta mujer, qué decisiones de importancia ha tomado (lo de acabar la huelga de los peloteros de las grandes ligas no me impresiona mucho, pero bueno, algo es algo). Ya la prensa ha corrido a celebrar este nombramiento con la clara intención de anestesiar a las masas (que ellos, la élite liberal pensante nos dice qué debemos pensar y cómo debemos reaccionar a todo lo que sucede a nuestro alrededor). Not so fast. Not so fast.
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Aquí tenemos las ahora famosas palabras de Sotomayor que le pudieran hacer un poco difícil el camino a la confirmación si los republicanos se lanzan al ring a pelear (que lo dudo). La jueza afirma que es en las cortes de apelaciones donde se hacen las leyes. Wrong. El Congreso es el que promuelga las leyes. Las cortes las interpretan.
También se dice que muchas de sus decisiones han sido revertidas en procesos de apelaciones, lo que demuestra que sus posiciones son extremadamente liberales y fácilmente desarticuladas por otra corte que se apegue más al espíritu de la ley.
En cuanto a si sería la primera persona hispana en la Corte Suprema, ya hay gente por ahí diciendo que Benjamin Cardozo fue el primer hispano en llegar a tan alto nivel, pero olvidan un pequeño detalle: Cardozo era un judío sefardita cuya familia provenía de Portugal. Ibérico, pero no hispano.