Me asomo a mi agujero pequeñito. Fuera suena el mundo, sus números, su prisa, sus furias que dan a una su zumba y su lamento. Y escucho. No lo entiendo. Los hombres amarillos, los negros o los blancos, la Bolsa, las escuadras, los partidos, la guerra: largas filas de hombres cayendo de uno en uno. Los cuento. No lo entiendo. Levantan sus banderas, sus sonrisas, sus dientes, y una belleza ofrece su sexo a la violencia. sus tanques, su avaricia, sus cálculos, sus vientres. Lo veo. No lo creo. Yo tengo mi agujero oscuro y calentito, Si miro hacia lo alto, veo un poco de cielo. Puedo dormir, comer, soñar con Dios, rascarme. El resto no lo entiendo.
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