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Saturday, January 21, 2012

AHORA O NUNCA, un cuento de Rafael Altuna


A inicios del llamado Período Especial, publicó la colección de relatos Una tarde en el río, que fue el primer libro que salió a la luz por la Editorial Capiro, de Santa Clara. Dejó un manojo de cuentos sin libro, y una novela inédita: De la soledad y el polvo. Su obra no fue extensa, tampoco Rafael era un escritor prolífico, escribía sólo cuando sentía necesidad de hacerlo, cuando un tema lo tomaba por asalto. Pero, aunque no parecía sentir interés por su labor creadora, leía y revisaba los trabajos de los amigos y de los jóvenes autores. A cada rato me presentaba un texto de algún iniciado, que descubría no sé dónde y al cual asesoraba con sumo placer.  Su profesión de maestro, que ejerció durante algún tiempo, allá en su juventud, era lo que disfrutaba con mayor satisfacción. Eso, y recordar. Su muerte el pasado 28 de diciembre sumió a sus familiares y a sus amigos en una honda tristeza. Los que vivimos junto a él sus últimos años, le vamos a echar de menos. Yo prefiero recordarlo hablando de su natal Santa Clara, de sus personajes, sus sitios, sus mercados, su ayer que transcurrió en aquellas calles de su memoria. Cuando hablaba de su ciudad, su carácter, últimamente lastimado por los efectos de su enfermedad, sufría una transformación, y la mirada se le llenaba de luz. No en balde, pidió a su esposa Raquel, que sus restos fueran llevados hasta allá. Descanse en paz Rafael Altuna Delgado.

Sindo Pacheco


AHORA O NUNCA
Por Rafael Altuna

La pareja entró al bar y se fue a instalar al fondo del mostrador. Todo estaba en semipenumbras, y la música que provenía de las bocinas empotradas al techo, era apenas un hilo entre el murmullo de voces y el zumbido de la consola de aire. Una línea de pequeñas lámparas, a lo largo de la barra, era toda la iluminación. Al otro extremo quedaban las mesas, y algo más retirados, junto a las cortinas, estaban los baños, con los rótulos en rojo sobre el dintel. Además de ellos había otras tres parejas sentadas a la barra, y un par de hombres, separados por una banqueta, bebían en silencio.
 —¿Qué van a tomar?  —preguntó el viejo del otro lado del mostrador.
 —¿Qué quieres?
La muchacha miró la fila de botellas sobre el frigidaire niquelado. En realidad no quería nada.
 —Algo que sea suave —dijo.
El hombre se volvió al dependiente.
 —Dice que quiere algo suave.
El viejo dejó a un lado el paño con el cual había estado frotando el mostrador y se ajustó el nudo de la corbata.
 —¿Un daiquirí?
La muchacha se encogió de hombros y entonces el hombre solicitó al dependiente:
 —Traiga dos —dijo.
En cuanto el viejo se retiró la muchacha se volvió a él:
 —¿Qué piensas hacer?
El hombre extrajo un cigarro y lo encendió. Una nube rosada de humo lo envolvió de golpe, luego la nube ascendió lenta hasta alcanzar el globo de luz sobre su cabeza y desapareció en la oscuridad del techo.
La muchacha hizo descansar los codos sobre la madera limpia y pulida del mostrador y miro al anaquel donde estaban las copas. Ahora de perfil, contra la pared empapelada y la luz que penetraba desde lo alto parecía algo irreal.
 —¿Qué harías tú en mi lugar?
 —No soy yo quien tiene que tomar una decisión.
La muchacha se enderezó en la banqueta; el pelo, bajo la luz rosada parecía un brasero a punto de extinguirse, y el vestido verde de tirantes había tomado un color indefinido. Tenía hombros bien formados y era de senos pequeños y puntiagudos. El hombre la recordó desnuda frente al espejo en la habitación del motel tres días atrás, y por primera vez sintió miedo.
En aquel momento regresó el dependiente con el pedido. Escribió algo en un talón de notas, arrancó la hoja y la metió bajo el mostrador.
 —No fuiste sincero desde un principio —dijo ella en cuanto el dependiente se hubo retirado.
 —Mi hijo está de por medio.
 —No fuiste lo suficientemente sincero.
 —¿Tú qué hubieras hecho?
 —No sé. Es muy probable que lo mismo, pero de otra manera.
El hombre trató de alcanzarle una mano por encima del mostrador, pero ella se lo impidió.
 —Dame un par de semanas —dijo—. Si no encuentro solución, podrás hacer lo que quieras. Confía en mí.
 —No puedo.
 —Haz un esfuerzo.
 —Ni un día más. Ahora o nunca.
El hombre apagó el cigarro en el cenicero y quedó en silencio mientras las notas de un Yesterday lánguido salía de las bocinas, la melodía se alzaba y descendía para después casi perderse en el gorgojeo del agua entre las manos del empleado que, absorto, lavaba los vasos de pie ante el fregadero.
Él estaba seguro que tarde o temprano aquello tendría que ocurrir, desde el primer momento lo supo, pero siempre le pareció lejano, siempre había encontrado una forma para cambiarlo de sitio, para encubrirlo y restarle importancia. Sin embargo, ahora se sentía impotente, vacío.
Echó a un lado el pitillo y bebió directamente del borde.
La muchacha tenía la mirada en el espejo, pero sólo alcanzaba a distinguirle un pedazo del rostro entre las botellas.
El hombre encendió otro cigarro.
 —¿Para esto me hiciste venir?
La muchacha apartó la mirada del espejo.
 —Era todo cuanto quería decirte.
Inició un ademán para levantarse, pero él la retuvo colocándole una mano encima del hombro.
La muchacha se acomodó nuevamente. Estaba tan hermosa que el hombre otra vez tuvo miedo, un miedo real, autentico, casi palpable.
 —Hay cosas en la vida…
 —¿Qué día vienen? —lo interrumpió ella.
 —Al menos déjame hablar.
 —No quiero.
Ella sabía que tampoco podría escucharlo. Se puso de pie.
 —¿Cuándo? —insistió la muchacha.
 —El miércoles, en el vuelo de la tarde —dijo él, y de repente se sintió desnudo.
Luego hizo girar la banqueta y quedó casi frente a ella. Ahora de pie le pareció todavía más hermosa. Por un momento tuvo deseos de abrazarla, de pedirle que se quedara para toda la vida.
 —¿Podríamos hablar mañana?
La voz le sonó blanda, inconvincente, ajena.
 —Mañana será igual que hoy.
— Dame al menos una semana.
 —No quiero.
 —¿Por qué?
La muchacha lo miró fijamente.
 —Tú tienes dónde escoger, yo ni siquiera tengo esa opción; ojalá y la tuviera, al menos, cuando salga ahora a esa calle, podría llevarme conmigo lo que realmente quiero.
El hombre la retuvo todavía un instante.
 —¿Quieres que te acompañe?
 —No.
 —¿Qué otra cosa puedo hacer por ti?
La muchacha lo miró por última vez. Tenía el rostro contrariado y estaba a punto de llorar:
 —¡Irte al carajo! —dijo, y dándole la espalda salió del bar.
El hombre permaneció un momento observando la puerta. Después levantó la mano y le hizo una señal al viejo para que se acercara.
 —¿Otro daiquirí?
 —No —dijo él.
 —¿La cuenta entonces?
El hombre miró la banqueta vacía. Luego rodó la vista hasta el mostrador.
 —Tráigame un Bacaray doble en estría —dijo.
 —¿Carta blanca o añejo?
—Cualquiera.
Y se quedó con la vista fija en el círculo rosado que proyectaba la luz en el fondo de la copa vacía.

Thursday, January 6, 2011

A portrait of these Cuban times

By Margaret Durán, Ph.D.

Habanera, a Portrait of a Cuba Family, is the second English-language novel penned by Teresa Dovalpage and published by Floricanto Press in December 2010. It is a soft, almost tender look at the challenges faced by today’s Cuban youth. Focused on the life of Longina, a naïve teenager (somewhat similar to the Lourdes of A Girl like Che Guevara) Habanera… deals, however, with different issues and a completely different time. Longina, unlike Lourdes, doesn’t want to emulate Che Guevara and politics doesn’t play a substantial role in her life.
The novel starts in the early 80’s and takes the reader to a guided tour of the brief “golden years” enjoyed under the Cuban socialist economy. During the mid 80’s, the steady (and costly) support of the former Soviet Union allowed Cubans to buy at non-rationed stores and provided them with the kind of abundance that had not been seen in the island since the pre-Castro era. Longina describes it:
A red curtain of wealth had fallen over the island. Soviet TV sets, German typewriters, Chinese blouses, Bulgarian perfumes, and Vietnamese sandals appeared in the stores that belonged to the so-called parallel market. Waiting lines were shorter there and clerks more courteous than in carded shops. We didn’t need coupons, though the parallel-market merchandise was quite expensive.
But such abundance is not destined to last. The “special period,” that begins shortly before the 90’s, puts an end to the parallel market and inflates waiting lines again. And yet, the first hints of the upcoming crisis are hardly noticed:
That night Ma mère turned on the radio to the Voice of America as a posthumous tribute to her father. The most important news was that Lithuania had declared its independence from Moscow. It had something to do with perestroika, I suspected. But none of us imagined the impact that the disintegration of the Soviet Union would have on Cuba, though we were 9550 kilometers away from it.
As the crisis deepens and the American dollar becomes king, Longina, like everybody else, suffers the inevitable consequences. The sheltered life she has enjoyed up to that moment becomes a thing of the past, like European perfumes and pretty sandals. A parallelism is established between the collapse of communism in Europe and the breakdown of her family life.
A particularly relevant chapter is the one devoted to La Lenin, an elite boarding school that Longina starts attending reluctantly. However, it will contribute to open her eyes to the changes that are taking place in her country and the world.
It was also at La Lenin where I heard, for the first time, unveiled criticism of the system and even of You-know-who. My classmates didn’t just whisper about “this.” They used familiarly the first names of our leaders, criticized them and discussed the possibility of a revolt in Cuba, an aftereffect of the movement that had changed the European map.
“Would Raúl order the troops to fire on the crowds as Ceausescu did in Romania?” Miroslava asked once.
“I don’t doubt it,” Lisaveta answered. “Raúl is a coward, always hiding behind his brother’s shadow.”
The heirs of the high-ranking Communist Party members have had the opportunity to travel abroad and see a different world. Many have witnessed the start of perestroika and look forward to a similar movement in Cuba. Young and passionate Lisaveta, the daughter of a Prensa Latina journalist, becomes involved with the opposition group Movimiento Cristiano de Liberación, led by Oswaldo Payá. Longina, however, does not participate actively in the political scene. “[Lisaveta] was a daughter of perestroika and I, a ‘special period’ girl,” she acknowledges.
The 1994 Rafting Crisis, that followed a rioting in the Cuban capital, puts Longina at the crossroads. She must decide between staying and “bringing perestroika to Cuba” and looking for a better life at the Miami shores. She finally makes a decision and the novels closes with a crowd of desperate balseros wafting away as they pray for the blessings of a protective Afro-Cuban deity, Yemayá.
This novel is a must read for those interested in today’s Cuban life. What you won’t find here, though, is the sordid portrayal of jineteras and chulos preying on guiltless foreigners, juicy sexual scenes or excrement-oozing depictions of Old Havana tenements. Prostitution shows its heavily made-up face in a few pages, but it is not a central topic of this fast-paced, well written and hope-inspiring novel.

Margaret Duran, Ph. D. is a retired literature and English professor who currently resides in Albuquerque, New Mexico.

Wednesday, June 16, 2010

Lo inaudible

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Es inaudible,

no podremos saber si las hojas

se acumulan y suenan al encaramarse

la mirona lagartija sobre la hoja.

Nos roza la frente

y creemos que es un pañuelo

que nos está tapando los ojos.

El oro caminaba

después hacia la hoja

y la hoja iba hacia la casa

vacía del otoño, donde lo inaudible

se abrazaba con lo invisible

en un silencioso gesto de júbilo.

Lo inaudible

gustaba del vuelo de las hojas,

reposaba entre el árbol inmóvil

y el rio de móvil memoria.

Mientras lo inaudible lograba

su reino, la casa oscilaba,

pero su interior permanecía intocable.

De pronto, una chispa

se unió a lo inaudible

y comenzó a arder escondido

debajo del sonido facetado del espejo.

La casa recuperó su inmovilidad

y comenzó de nuevo a navegar.

José Lezama Lima

Monday, June 29, 2009

Un nuevo blog

Teresa Dovalpage acaba de abrir un blog. Aquí les dejo el correo donde la escritora cubana explica el propósito de este nuevo espacio virtual:

“Al fin me he decidido a bloguear. Es decir, más o menos… He notado que muchas personas (incluso algunas que no son precisamente novatas en lides literarias) a menudo no saben por dónde comenzar el proceso de publicación de un nuevo libro. ¿Se busca un agente, se envía directamente el manuscrito a los editores, se manda a concursos y se come uno las uñas (las de los pies incluso) mientras espera por los resultados? ¿Se apuesta por la auto-publicación?
    Puesto que no es posible dar una respuesta absoluta a las preguntas anteriores, se me ha ocurrido compilar la mayor información posible sobre el tema y exponerla en un blog, aunque las entradas también se publicarán en el de Alexis Romay, que me inoculó el virus de la bloguería. Mis tres primeras entradas son entrevistas a editores (dos de Estados Unidos y uno de México), la próxima será a uno de España.
http://dovalpage.wordpress.com 

   Si la línea de trabajo de ellos les parece compatible con el tema de sus manuscritos, pueden ustedes contactarlos personalmente. ¡Mucha suerte y aché pa to dos! No he habilitado comentarios porque el objetivo de este blog es simplemente ofrecer un espacio informativo, no un foro de discusión.
     Espero que mi blog (o lo que sea) le resulte útil a alguien y le haga más suave y llevadero el camino hacia la publicación.”

Teresa Dovalpage

Tuesday, April 7, 2009

Premio para Teresa Dovalpage

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Teresa Dovalpage gana el Premio de Novela Corta de Rincón de la Victoria. Muchas felicidades, Teresa.