Un hombre solo en una esquina. Un hombre solo. La multitud. Los ruidos. La comparsa. Los gritos. Los rostros.
¿Quién es el culpable?, me preguntas. Somos nosotros los culpables. Ese castro que habita en cada uno de nosotros.
Un hombre solo en una esquina. Un hombre solo. La multitud. Los ruidos. La comparsa. Los gritos. Los rostros.
¿Quién es el culpable?, me preguntas. Somos nosotros los culpables. Ese castro que habita en cada uno de nosotros.
Alguien de La Paz vino en busca del presidente Obama y se encontró con Obama, los OVNIS y la búsqueda de la verdad.
Alguien de Zulia llegó en busca de ajo dulce y encontró el “Ají cachucha.”
Alguien de Málaga vino buscando “Summer Sunsets”.
Alguien de Venezuela vino buscando problemas fronterisos con “s” y los encontró con “z”.
Alguien de Aguascalientes quiere entender por qué Obama acepta OVNIS.
Alguien de Hialeah vino buscándome a mí.
Trazar una prisa. Acomodar un destino. Enlatar un paso, diluir un peso, doblar un equilibrio. Alguna ligereza caerá desde su propio peso. Una caja de Pandora sin fondo. Residuos de un reloj. Retroceder desde los límites expandiendo los lados. Un punto en el espacio. Una palabra que se repite sin cesar. Una palabra que se repite a sí misma, se multiplica, salta de un precipicio a otro y flota. La noche y sus ironías. El día y sus subterfugios.
Hoy estuve en la Feria del Libro de Miami. Me fue imposible dedicarle el tiempo que se merece, pero por lo menos pude asistir a un par de presentaciones y filmar un poco. Aquí les dejo el primer video. La edición fue apresurada, como podrán notar.
La trampa como salida. Un muro final, un descenso. El ladrillo en la puerta y una noche en la que escribir un verso es invocar una jauría. El café caliente. La mano de dios que palpita y un esqueleto que suma sus desacuerdos. La ceniza en la ropa. Una divergencia asume sus matices. Palabras que no uso, palabras que no tenso. Una silla y el temblor de las losas. El suelo. Algo en el suelo. Algo que busco, algo que busco. El desayuno cuando es hora de dormir. Una mano a través de la ventana. Una brisa que no llega. Algo la detiene.
Afuera hay un coro, es un concierto, creo, busqué el rostro de Juanes entre la multitud delirante. Pero no lo hallé. Las voces ladran, me dije. Ahí no puede estar Juanes. Él es paz sin fronteras. Él es alivio para el pueblo, una dulce voz vestida de blanco. Él no puede estar en esa multitud que vocifera. Esas gentes no visten de blanco. Esas gentes no quieren paz. Esas gentes piden sangre. Estamos sitiados. Nos acechan. La multitud nos insulta. (“Es que son pendejos, Ana Rosa.”) La multitud nos vigila. Algo me dice que son ellos los sitiados. Algo me dice que son ellos los que temen. Dame la M…M. Dame la I…I. Dame la E…E. Dame la D…D. Dame la O…O. ¿Qué dice?
Había una vez un país donde construyeron un muro muy grande para que los ciudadanos no se vieran tentados a escapar. El gobierno ayudaba así a la gente a sentirse felices con lo que tenían, por muy poco que fuera. Algunos ciudadanos, los mas débiles, a veces se enfermaban y les daba por saltar el muro. Les entraba una extraña obsesión de averiguar qué había del otro lado. El gobierno, siempre preocupado por la salud de la mayoría, evitaba a toda costa que esos ciudadanos lograran su cometido. No porque del otro lado existiera un mundo mejor sino porque querían evitar que los ciudadanos del país vecino se contagiaran y les diera también por saltar el muro. Ese salta y salta era peligroso. Había que castigar a los trasgresores de la manera más radical posible. Además, ¿qué sentido tenía construir un muro y no castigar a los que intentaran saltarlo?
Un día sucedió algo muy extraño. Los ciudadanos, habiendo entendido después de muchos años y de muchas muertes que saltar el muro era ilegal, decidieron derribarlo a golpe de mandarrias. Así, al no haber muro, no era ilegal saltarlo. ¿Cómo podría ser ilegal saltar algo que no existía? Esa fue la primera pregunta. Después vinieron muchas otras.
Los que me visitan llegan a este blog a veces a través de unas búsquedas un poco raras. Por ejemplo, hoy de Bogota llegó aquí alguien en busca de un “perro cubano horrible.” ¿Existe tal cosa? Uno se pregunta. No hay nada más horrible que los perros chinos que había en Cuba, pero no son cubanos, ¿o sí lo son? En la Internet, encontré esta foto de un perro cubano al que el adjetivo horrible le hace poca justicia. ¿Será este el perro que buscaba la persona de Bogotá? Alguien de Veracruz llegó aquí buscando el día de los Ernestos. No se cuál será el día de los otros Ernestos, pero el mío es cada quince días, cuando cobro. Los que nunca faltan son los que quieren averiguar qué es un bayu. Cuando llegan aquí se defraudan porque este es un blog muy serio.
Este blog es gratis. Aquí no se ponen anuncios comerciales. Nunca se pondrán. Aquí no se pide dinero. Nunca se hará (gracias a dios tengo un trabajo con el que pago las cuentas). Sólo se pide una cosa: si me visita, deposite un comentario. Es lo menos que se puede esperar, ¿no le parece?
Hoy oía un comercial sobre un compañía de crédito en el que se le hacía la siguiente pregunta a los radioescuchas: “¿Debe usted más dinero por su casa de lo que su casa vale?” Y eso me puso a pensar y decidí hacerle unos cambios a la pregunta. Y de ese pensar salió esta otra pregunta: “¿Debe usted más dinero por su alma de lo que su alma vale?” No responda la pregunta. Solo piense. Es una pregunta interesante.
No hable mucho. Escuche. Mejor quédese sordo. No vea más allá de su nariz. Más bien habite en ella, en sus sombras, en sus recovecos. No lea mucho. Y si lee, escoja bien los libros. La lista de best sellers de The New York Times es altamente recomendable. Lea rápido. Nada de profundizar en la materia. Es más, no lea. Finja que lo hace. Es muy fácil hacerlo. Aprenda a fingir. Tome mucho agua y vaya al baño a menudo. Eso ayuda. Levántese temprano y después vuélvase a acostar. Tire el despertador por la ventana. Si le cae en la cabeza al cartero, llame a la ambulancia y diga que su vecino, el muy imprudente, lo lanza todo por la ventana. Mienta. Eso ayuda. Prepárese para la muerte, pero no pague los servicios fúnebres en vida. Eso no ayuda. Repita que es feliz muchas veces, incluso después que su vecino le raje la cabeza por mentiroso.
© Ernesto González, 2009
Siempre la realidad es más divertida que la ficción. Los editores del Granma están compitiendo con los del Nuevo Herald. Hasta ahora van empatados. Pinche en la foto para ampliarla.