Showing posts with label Ernest Hemigway. Show all posts
Showing posts with label Ernest Hemigway. Show all posts

Saturday, July 21, 2012

Colinas como elefantes blancos, Ernest Hemingway


Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El norteamericano y la muchacha que iba con él tomaron asiento en una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.
-¿Qué tomamos? -preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa.
-Hace calor -dijo el hombre.
-Tomemos cerveza.
-Dos cervezas -dijo el hombre hacia la cortina.
-¿Grandes? -preguntó una mujer desde el umbral.
-Sí. Dos grandes.
La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa los portavasos y los tarros y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de colinas. Eran blancas bajo el sol y el campo estaba pardo y seco.
-Parecen elefantes blancos -dijo.
-Nunca he visto uno -el hombre bebió su cerveza.
-No, claro que no.
-Nada de claro -dijo el hombre-. Bien podría haberlo visto.
La muchacha miró la cortina de cuentas.
-Tiene algo pintado -dijo-. ¿Qué dice?
-Anís del Toro. Es una bebida.
-¿Podríamos probarla?
-Oiga -llamó el hombre a través de la cortina.
La mujer salió del bar.
-Cuatro reales.
-Queremos dos de Anís del Toro.
-¿Con agua?
-¿Lo quieres con agua?
-No sé -dijo la muchacha-. ¿Sabe bien con agua?
-No sabe mal.
-¿Los quieren con agua? -preguntó la mujer.
-Sí, con agua.
-Sabe a orozuz -dijo la muchacha y dejó el vaso.
-Así pasa con todo.
-Sí -dijo la muchacha-. Todo sabe a orozuz. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como el ajenjo.
-Oh, basta ya.
-Tú empezaste -dijo la muchacha-. Yo me divertía. Pasaba un buen rato.
-Bien, tratemos de pasar un buen rato.
-De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?
-Fue ocurrente.
-Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas?
-Supongo.
La muchacha contempló las colinas.
-Son preciosas colinas -dijo-. En realidad no parecen elefantes blancos. Sólo me refería al color de su piel entre los árboles.
-¿Tomamos otro trago?
-De acuerdo.
El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de cuentas.
-La cerveza está buena y fresca -dijo el hombre.
-Es preciosa -dijo la muchacha.
-En realidad se trata de una operación muy sencilla, Jig -dijo el hombre-. En realidad no es una operación.
La muchacha miró el piso donde descansaban las patas de la mesa.
-Yo sé que no te va a afectar, Jig. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire.
La muchacha no dijo nada.
-Yo iré contigo y estaré contigo todo el tiempo. Sólo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.
-¿Y qué haremos después?
-Estaremos bien después. Igual que como estábamos.
-¿Qué te hace pensarlo?
-Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices.
La muchacha miró la cortina de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las sartas.
-Y piensas que estaremos bien y seremos felices.
-Lo sé. No debes tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho.
-Yo también -dijo la muchacha-. Y después todos fueron tan felices.
-Bueno -dijo el hombre-, si no quieres no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo.
-¿Y tú de veras quieres?
-Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no quieres.
-Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás?
-Te quiero. Tú sabes que te quiero.
-Sí, pero si lo hago, ¿volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?
-Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabes cómo me pongo cuando me preocupo.
-Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte?
-No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo.
-Entonces lo haré. Porque yo no me importo.
-¿Qué quieres decir?
-Yo no me importo.
-Bueno, pues a mí sí me importas.
-Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico.
-No quiero que lo hagas si te sientes así.
La muchacha se puso en pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de grano y árboles a lo largo de las riberas del Ebro. Muy lejos, más allá del río, había montañas. La sombra de una nube cruzaba el campo de grano y la muchacha vio el río entre los árboles.
-Y podríamos tener todo esto -dijo-. Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible.
-¿Qué dijiste?
-Dije que podríamos tenerlo todo.
-Podemos tenerlo todo.
-No, no podemos.
-Podemos tener todo el mundo.
-No, no podemos.
-Podemos ir adondequiera.
-No, no podemos. Ya no es nuestro.
-Es nuestro.
-No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobras.
-Pero no nos los han quitado.
-Ya veremos tarde o temprano.
-Vuelve a la sombra -dijo él-. No debes sentirte así.
-No me siento de ningún modo -dijo la muchacha-. Nada más sé cosas.
-No quiero que hagas nada que no quieras hacer…
-Ni que no sea por mi bien -dijo ella-. Ya sé. ¿Tomamos otra cerveza?
-Bueno. Pero tienes que darte cuenta…
-Me doy cuenta -dijo la muchacha.- ¿No podríamos callarnos un poco?
Se sentaron a la mesa y la muchacha miró las colinas en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa.
-Tienes que darte cuenta -dijo- que no quiero que lo hagas si tú no quieres. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para ti.
-¿No significa nada para ti? Hallaríamos manera.
-Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a ti. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo.
-Sí, sabes que es perfectamente sencillo.
-Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé.
-¿Querrías hacer algo por mi?
-Yo haría cualquier cosa por ti.
-¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca?
Él no dijo nada y miró las maletas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche.
-Pero no quiero que lo hagas -dijo-, no me importa en absoluto.
-Voy a gritar -dijo la muchacha.
La mujer salió de la cortina con dos tarros de cerveza y los puso en los húmedos portavasos de fieltro.
-El tren llega en cinco minutos -dijo.
-¿Qué dijo? -preguntó la muchacha.
-Que el tren llega en cinco minutos.
La muchacha dirigió a la mujer una vívida sonrisa de agradecimiento.
-Iré llevando las maletas al otro lado de la estación -dijo el hombre. Ella le sonrió.
-De acuerdo. Ven luego a que terminemos la cerveza.
Él recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada y le sonrió.
-¿Te sientes mejor? -preguntó él.
-Me siento muy bien -dijo ella-. No me pasa nada. Me siento muy bien.

Thursday, July 23, 2009

What makes drunkards?

whisky bottle

Bill poured the glass half full of whisky.

“Put in your own water,” he said. “There’s just one more shot.”

“Got any more?” Nick asked.

“There’s plenty more but dad only likes me to drink what’s open.”

“Sure,” said Nick.

“He says opening bottles is what makes drunkards,” Bill explained.

“That’s right,” said Nick. He was impressed. He had never thought of that before. He had always thought it was solitary drinking that made drunkards.

“The Three-Day Blow” by Ernest Hemingway

Sunday, June 21, 2009

Fathers and Sons

“Como todo hombre con una facultad que sobrepasa todas las necesidades humanas, su padre era un hombre muy nervioso. Era además un sentimental y, como la mayoría de las personas sentimentales, era a la vez cruel y víctima del abuso. Tenía también mala suerte, pero no de toda ella era él responsable. Murió en una trampa que él mismo había ayudado un poco a preparar y todos lo habían traicionado en una forma u otra antes de morir. Todas las personas sentimentales son traicionadas en muchas ocasiones. Nick no podía escribir todavía sobre él, aunque lo haría más tarde, pero esta región donde abundaba la codorniz le recordó cómo era su padre cuando Nick era un muchacho y le estaba muy agradecido por dos cosas: la pesca y la caza. Su padre era tan versado en esas dos cosas como ignorante en lo que se refería al sexo y Nick se alegraba de que así hubiese sido; porque alguien tiene que facilitarnos la primera escopeta o la oportunidad de conseguirla y emplearla y hay que vivir donde abunde la caza o la pesca si tenemos que aprender a pescar y cazar, y ahora a los treinta y ocho años le encantaba tanto ir de pesquería o cacería como cuando lo hizo por primera vez con su padre. Era una pasión que nunca había disminuido en él y le estaba agradecido a su padre por habérsela inculcado.

En cuanto a lo otro, sobre lo que su padre era un ignorante, todo el equipo que tendremos nos lo es dado y cada hombre aprende todo lo que tiene que aprender sin consejo alguno; y no importa donde se viva.”

Fragmento de “Father and Sons”, relato de Ernest Hemingway.

________________________________________________

Aquí les cuelgo un video del bote hermano del Pilar, el famoso bote de Ernest Hemingway, en exhibición en WorldWide Sportsman, Islamorada, Florida. Se dice que Ernest Heminway pescó en este bote en 1933 y le gustó tanto que se hizo  construir uno igual.

También se dice que fue utilizado en el filme “Key Largo” que protagonizaran Humphrey Bogart and Lauren Bacall en 1948. En la película el nombre del bote era Santana.

En 1997, fue rebautizado por Mina Hemingway, la nieta del escritor.

Video: Filmed and edited by Ernesto G.

Sunday, June 14, 2009

Golpearon al caballo blanco en las patas

white-horse

“Golpearon al caballo blanco en las patas y consiguieron que volviera a levantarse. El picador preparó el estribo y montó de nuevo. Las entrañas del caballo formaban una masa azul que colgaba y se balanceaba de un lado a otro al ritmo de trote, mientras los monosabios le golpeaban la parte trasera de las patas con los bastones. El caballo trotaba torpemente pegado a la barrera. De pronto se detuvo, muy rígido, y uno de los monosabios lo tomó por las bridas y lo hizo avanzar. El picador lo espoleó, se inclinó hacia delante y blandió su pica en dirección al toro. La sangre caía continuamente por entre las patas delanteras del caballo. El animal se tambaleaba nerviosamente. El toro no se decidía a embestir.”

Ernest Hemingway

Tuesday, February 10, 2009

Nieves

ernesthemingwayinafrica

It was not her fault that when he went to her he was already over. How could a woman know that you meant nothing that you said; that you spoke only from habit and to be comfortable? After he no longer meant what he said, his lies were more successful with women than when he had told them the truth.

It was not so much that he lied as that there was no truth to tell. He had had his life and it was over and then he went on living it again with different people and more money, with the best of the same places, and some new ones.

No era culpa de ella que él la conociera cuando ya estaba acabado. ¿Cómo podía una mujer saber que lo que dijiste no significaba nada para ti y que sólo hablabas por costumbre y para tu comodidad? Después que empezó a decir cosas que de verdad no sentía, sus mentiras le dieron más éxito con las mujeres que cuando les decía la verdad.

Y no era que mintiera, sino que se había quedado sin verdades que contar. Había vivido una vida que se había agotado y después continuó viviéndola con gentes distintas y más dinero, con lo mejor de los sitios de antes y algunos que eran una novedad.

 

Traducción: Ernesto González

Monday, February 9, 2009

Mientras el bombardeo destrozaba las trincheras...

guerra08

"Mientras el bombardeo destrozaba las trincheras en Fossalta, se pegaba al suelo y sudaba y rezaba: 'Oh, Jesucristo, sácame de aquí. Querido Jesús: por favor, sácame. Cristo, por favor, por favor, por favor, Cristo. Si sólo me salvas de que me maten, haré lo que digas. Creo en ti y le diré a todo el mundo que tú eres lo único que importa. Por favor, por favor, querido Jesús.' El cañoneo se alejó a lo largo de las líneas. Nos pusimos a trabajar en la trinchera y por la mañana salió el sol y el día fue caliente y pegajoso y alegre y tranquilo. La noche siguiente, de vuelta en Mestre, no le habló de Jesús a la muchacha que llevó arriba en Villa Rosssa. Nunca le habló de eso a nadie."

Ernest Hemingway

Thursday, January 29, 2009

Las nieves

Ernest Hemingway “Tenia muy buena puntería esta puta amable y rica, esta generosa guardiana y destructora de su talento. ¡Tonterías! Él mismo había destruído su talento. ¿Acaso tenía que insultar a esta mujer porque lo mantenía? Había destruído su talento por no usarlo, por traicionarse a sí mismo y a sus ideales, por beber tanto que había embotado la agudeza de sus percepciones, por la pereza y la holgazanería, por las ínfulas, el orgullo y los prejuicios, y, en fin, por tantas cosas buenas y malas.”

De “Las nieves del Kilimanjaro”