Sunday, March 28, 2010

A Randy Alonso no le gusta el color blanco

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A Randy Alonso no le gusta el color blanco. En sus propias palabras:

“La vida es diversa y llena de colores. Aunque más de uno intente pintarla exclusivamente en blanco y negro. Extremistas, mentirosos y manipuladores perversos se alistan en el acromático campo.

Por estos días, algunos políticos grises y diarios o revistas llenos de páginas en colores, hablan de una Cuba magnificada en el blanco (de vestimenta, no de alma) de ciertas damas asalariadas y el negro que le atribuyen a un sistema “horrendo” al que hay que atacar, vilipendiar, destruir, en nombre de los intereses del capitalismo mundial.

Pero tan maniquea y difundida visión estalla ante la multitud de colores que anima a la Cuba de un marzo 2010 con frío y calor, con lluvia y sequía, con papa y sin malanga.”

Randy Alonso necesita un psiquiatra. Me recuerda un personaje de un cuento de Onelio Jorge Cardoso titulado “Un queso para nadie”. Aquí les dejo un fragmento del relato para que juzguen por sí mismos:

“Adelaido Ramírez A. estaba terriblemente enfermo. Una inesperada dolencia que amenazaba con llevarlo a la tumba por inacción, había irrumpido en su vida ahora cerca de los cuarenta años. Una mañana a la hora del desayuno quedó petrificado de espanto ante el vaso de leche. Súbitamente sintió una hondísima repugnancia seguida del irreprimible impulso de estrellar el vaso contra el suelo y así lo hizo. Hubiera jurado que la muerte estaba parada en los bordes del recipiente…

Luego fue la malanga, la miga de pan, la papa y finalmente el dulce de coco que había sido siempre el talón de su gula. Hasta que una mañana su mujer descubrió la pista:

--Adelaido, es el color, el color blanco. Fíjate, la leche es blanca, la malanga también, el pan por dentro lo es, y el dulce de coco ni qué decir.

Y entonces fue al psiquiatra.”

2 comments:

EVT said...

jajaja... ¡qué cosas sacas! pero con razón, porque hay que ver qué cosas pasan en el mundo. ¡Qué locura!

Ernesto G. said...

Este mundo loco, Erika!